La Farola de Temperley y Lupita, en el centro de Quilmes, son dos de los recientes cierres que volvieron a encender las alarmas en el sector. La caída del consumo, los alquileres, los servicios y el aumento de los insumos ponen cada vez más presión sobre bares y restaurantes.

La postal empieza a repetirse en distintos puntos de la región: locales gastronómicos que durante años formaron parte de la actividad comercial de sus ciudades bajan sus persianas y dejan atrás salones vacíos y carteles de alquiler.

El último caso que sorprendió en la región fue el de La Farola de Temperley, que cerró el 30 de agosto después de más de 15 años frente a la estación ferroviaria.

La empresa no informó oficialmente los motivos de la decisión. Sin embargo, el cierre se produce en un contexto particularmente complejo para la gastronomía, marcado por una fuerte retracción del consumo y una estructura de costos que no deja de crecer.

Quilmes también sumó recientemente otro cierre gastronómico.
Se trata de **Lupita Mexican Bar**, el tradicional restaurante de comida mexicana ubicado en Brown 397, en pleno centro de la ciudad.

Después de 10 años de actividad, el local anunció el cierre de sus puertas a fines de agosto. La noticia generó repercusión entre sus clientes y vecinos, que durante una década incorporaron al restaurante como una de las propuestas gastronómicas de la zona.

El caso de Lupita se suma a una serie de movimientos que vienen modificando el mapa comercial de Quilmes y otras ciudades del sur del Gran Buenos Aires.

Para el sector gastronómico, el problema no pasa solamente por conseguir clientes.

Alquileres, electricidad, gas, salarios, cargas laborales, materias primas, impuestos y otros servicios forman parte de una estructura de gastos que se volvió cada vez más difícil de sostener.

Y del otro lado está el consumidor. Con un poder adquisitivo más ajustado, las salidas a comer afuera de casa son algunos de los gastos que muchas familias recortan o reducen en frecuencia**.

El resultado es una ecuación difícil: menos mesas ocupadas, pero prácticamente los mismos costos fijos.

Lomas de Zamora también muestra la misma problemática. En marzo, La Continental cerró su tradicional local de Laprida 267, en pleno centro de Lomas , después de más de cuatro décadas de presencia en esa ciudad.

El cierre de esa sucursal se produjo en medio de dificultades que atraviesa la cadena y fue relacionado con la caída de las ventas y el incremento de los costos de insumos y servicios.

El fenómeno también puede observarse en comercios que todavía permanecen abiertos.

Los casos de Temperley y Quilmes no necesariamente responden a una única causa y **no todos los cierres pueden atribuirse directamente a la crisis económica**.

Pero forman parte de un escenario que preocupa al sector.