La despedida de Carlos “Indio” Solari en el Polideportivo José María Gatica de Villa Domínico, Avellaneda, se convirtió en uno de los homenajes populares más multitudinarios de la historia reciente del país. Durante más de 18 horas, cientos de miles de personas provenientes de distintos puntos de Argentina desfilaron frente al féretro del líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, en una jornada atravesada por la emoción, los cánticos y un clima de respeto colectivo.

La magnitud de la convocatoria superó todas las previsiones. Fuentes vinculadas al operativo de seguridad estimaron que cerca de un millón de personas pasaron por el predio a lo largo de la jornada. Las filas llegaron a extenderse más de 70 cuadras y, en los momentos de mayor concurrencia, alcanzaron unos ocho kilómetros de longitud.

El lugar elegido no fue casual. El Parque Domínico y el microestadio Gatica ofrecían la infraestructura necesaria para recibir una movilización de semejante dimensión. Allí se montó un operativo especial con efectivos policiales, Defensa Civil, puestos sanitarios, agentes de tránsito y accesos organizados para garantizar una circulación ordenada. Tanto las autoridades como la familia del músico destacaron el comportamiento de los asistentes y el carácter pacífico de la despedida.

Más que un velorio, la jornada tuvo el espíritu de una última “misa ricotera”. Fanáticos de distintas generaciones llegaron con banderas, remeras, ofrendas y canciones para despedir a un artista cuya obra trascendió lo musical y se convirtió en un fenómeno cultural. Hubo abrazos entre hinchas de clubes rivales, familias enteras compartiendo recuerdos y miles de voces unidas por las letras que marcaron décadas de la historia del rock argentino.

Cuando las puertas del predio se cerraron en la madrugada del lunes, la familia del Indio agradeció el acompañamiento y dio por finalizada una despedida que quedará grabada en la memoria colectiva. Lo ocurrido en Avellaneda confirmó una vez más que el vínculo entre Solari y su público trascendía el de un músico con sus seguidores: fue el encuentro final de una comunidad construida durante más de cuarenta años alrededor de una obra que marcó a generaciones enteras.